Animales Nocturnos o la venganza de Tom Ford

135352-jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxAnoche vi Animales Nocturnos.  Aún me queda el sabor de boca de cuando una película te deja desencajada, cuando una historia cuadra a la perfección y además de una manera tan sutil que se sucede sin que apenas te des cuenta.

Animales Nocturnos te engaña de la manera en la que todos, de vez en cuando, nos engañamos a nosotros mismos. Es meticulosa, y natural -gracias a la frustrada y maltrecha Amy Adams, a la mirada rabiosa, impotente y sincera de Jake Gyllenhaal-, logra ser potente porque es cruda, porque te hunde el dedo en la llaga desde el primer minuto en el que observas con ojos como platos algo que no habíamos visto nunca -y digo nunca- en la gran pantalla: ¿Alguien había visto unos desnudos como los de la primera secuencia, en el cine, en publicidad, en cualquier parte? Tom Ford sabe de dónde viene, y lo critica y acierta; viene de un mundo muy asqueroso donde a mucha gente esas imágenes le resultan asquerosas, y te lo escupe para que unos aplaudan y otros se sientan avergonzados.

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La película es una historia de venganza y amor genialmente contada, no me hace falta añadir mucho más; los últimos dos minutos de la película hablan por sí solos, y resumen junto a los primeros las dos facetas del personaje principal: Cómo es, y qué quiere. Es aplaudible que por fin estemos dejando a un lado las historias falsamente románticas y lineales en las que todo es genial, en la que un personaje sufre por el otro, o un jarrón florero se casa con una mesa camilla. Da la casualidad de que las dos últimas películas que he visto en la gran pantalla -ambas, por cierto, de la hasta ahora ignoradísima Adams- son películas que te hablan de los sentimientos, el amor, sus consecuencias y vertientes, olvidándose -¡por fin!- de seguir reforzando la construcción pleistocénica del mito del amor romántico. Son películas que hablan de la vida, y eso siempre es mucho más nutritivo que irrisorias historias bien contadas, pero vacías, sobre mujer mueble y héroe condecorado. Animales Nocturnos indaga también en los roles de género, en cómo debería haberse comportado el hombre si, en vez de esta, estuvieras viendo una de las películas que he imaginado en las lineas anteriores.

Estamos viviendo una época que, como retrata Ford, es superficial, ególatra, individualista, rápida, líquida y tremendamente absurda, pero afortunadamente el cine está sacando punta de ello regalándonos films como Animales Nocturnos. Algo bueno estamos haciendo si el retrato de la cultura occidental se refleja de manera tan cruda y maloliente, ¿no? Y es que de eso trata el cine, de reflejar, protestar, ridiculizar o mejorar nuestra realidad o la de aquellos que no tienen las herramientas para hacerlo a su alcance.

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En los aspectos técnicos la película es sublime, tanto fotografía, dirección y banda sonora son perfectas; un buen trabajo en conjunto que casa totalmente con los motivos que esconde esta obra maestra. Me atrevería a decir que dentro de unos años hablar de Animales Nocturnos será hablar de una película de culto… Es cuando el cine deja de ser entretenimiento para convertirse en arte, cuando te regala la increíble sensación de haber acabado un libro que supone un respiro dentro del embrollo de cosas absurdas y tú has podido ser cómplice y testigo de ello.

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