‘La bruja’ a través de Durkheim y la perspectiva feminista

Nuestro gran amigo Durkheim ya nos habló en sus teorías sobre la religión y cómo representa una realidad social, demostrando su universalidad, independientemente de las peculiaridades de cada una. Desde un punto de vista cinéfilo, ‘La bruja’ retrata una historia de terror con un final que a unos les habrá dejado indiferentes, mientras que desde un punto de vista sociológico, Robert Eggers simplemente ha hecho un ejercicio de fusión entre terror psicológico y crítica social, en el que se retrata perfectamente el sesgo que acaba suponiendo mezclar la pobreza, la ignorancia y el heteropatriarcado más castizo y parternalista… Salteándola, a su vez, con una religiosidad exacerbada. Vamos, la historia de la humanidad.

Es decir, esta película se puede ver y digerir desde dos perspectivas: La sociológica y la social. Puedes analizarla o puedes digerirla una noche de domingo. Puedes verla o puedes mirarla. Ya está.

Desde una perspectiva cercana a la solidaridad social, la ‘brujas’ (en este caso, en singular) han representado siempre la ruptura del orden establecido dentro de las leyes y jerarquías sociales determinadas por la religión de turno, es decir, han roto las metas y los intereses en común.  En la película de Eggers se reflejan muy bien los componentes que llevan a la sociedad (ya sea una comunidad vecinal o una familia) a rechazar a una mujer que es considerada fuente de todos los males. En primera instancia, la bruja es acusada de ser tal cosa a través de la recreación de todo aquello que es considerado pecado capital, y para ello en la Nueva Inglaterra del x.XVII (y en otras nuevainglaterras del actual) es absolutamente imprescindible ser mujer. De esta forma se explotarán, no sólo faltas gravísimas como asesinatos, envenenamientos a través de hechizos o males de ojo, manipulación cuartomilenaria de la climatología y su efecto sobre las cosechas… Sino que se acenturará en gran medida el cariz sexual de la acusada, ya sea para señalarla como a una provocadora o como parte del indudable harén de Satanás. Las mujeres quemadas en Salem en 1692 fueron, para hacernos una idea, enjuiciadas por el mero hecho de pertenecer al género Eva, con todas las manzanas y serpientes que eso conlleva.

the-witchEs aquí donde sin duda Eggers hace un ejercicio cinematográfico excelente, narrando la evolución de la bruja como construcción social; haciendo que hasta el vaso del espectador se colme gota a gota hasta hacernos dudar a nosotros mismos de a quién estamos viendo, de quién está más loco, de dónde puñetas está Jesús para guiarnos y dónde nos hemos contagiado de la soberbia que nos ciega ante la verdad del Señor, porque las imágenes nos han agobiado tanto que ahora hasta dos niños de cuatro años podrían ser el demonio en persona.

Gran parte de este último párrafo debe ir dedicado a alabar la tarea de Jarin Blaschke, el encargado de llevar la fotografía y que, sin duda, es la base sobre la que se sostiene diálogo tras diálogo, escena tras escena, la película.

‘La bruja’ es cine de terror, pero es también cine histórico, una película de calidad hecha con idea, mimo, y cuidado; una película que nos puede presentar un final que nos guste en mayor o menor medida, pero que sin embargo nos deja un desarrollo que agrada a cualquier amante del género. Más galardonable aún si tenemos en cuenta que es una ópera prima.

 

Firma: La taza nocturna

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